Por eso

Habías gritado cosas como astillas de madera. Eran cosas pequeñas, casi invisibles hasta que ejercías presión en la herida. Malditas astillas en mi corazón y mi mente. No me las pude sacar desde ese día, y vivieron allí hasta mi muerte.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Always the lover, never once loved

Dualidad