Sueños
Mi pecho apenas se elevaba con cada uno de mis respiros. Abrí los ojos y te vi a mi lado, sobre el pasto con aroma a petricor. Tenías los ojos cerrados, el cabello negro y mojado, y tu mano sobre la mía. Tus párpados se abrieron y mi corazón se encogió, todo mi cuerpo tembló y de pronto estaba agitada y llorando. No quería que te fueras, no quería que se acabara. Por eso apreté tu mano y dejé de mirarte, aguantando mi respiración como si eso fuera a evitar que yo despertara.
Al apretar mis ojos ya esperaba volverlos a abrir para darme cuenta de que no estabas, de que no estábamos encima del pasto mirando el cielo negro. Y sentí tu pulgar sobre mi mejilla, difuminando una lágrima. Y luego tu respiración fría sobre mi rostro. Se me erizó la piel, y me quedé quieta por largos segundos sin comprender por qué aún no despertaba.
- No quiero que te vayas, por una vez quédate lo suficiente.
Se hundió mi pecho, exprimiendo aún más mis lágrimas que manchaban sus dedos. Era la primera vez que hablabas, era la primera vez que yo no despertaba al verte. Era una sensación abrumadora, de pronto se sentía como una terrible ola de melancolía trágica que no tenía ni pies ni cabeza.
Tú y yo no nos conocíamos, pero cada que yo dormía te soñaba. Los dos recostados en una especie de prado, con una noche estrellada pintada sobre nuestra vista, tomados de la mano, callados. Sentía que te había amado desde siempre, y que cuando te volvía a ver de pronto algo nos lo arrebataba todo y no quedaban recuerdos. Tan sólo esa escena, ese polvo en mi alma que había sido algo sin yo recordar qué.
- ¿Sientes esto? No lo puedo explicar. - musité con voz temblorosa, perpleja y acongojada. No comprendía lo que pasaba, ni lo que sentía.
- Cuando abro los ojos te veo a mi lado, y luego parpadeo y te pierdo hasta que vuelvo a dormir. - Me respondiste, como si leyeras mi mente. Eso era, exactamente.
- ¿Por qué no he despertado? - Te pregunté. O tal vez me lo preguntaba a mí. O al universo, al destino, al oráculo, a quien fuera que me pudiese dar respuesta.
- No lo sé. Yo tampoco desperté. No quise despertar. - Me respondiste, y suspiramos. Nos quedamos quietos por un largo rato mirando a la luna. Y entonces parpadeé, y te fuiste.
Comentarios
Publicar un comentario